Antología http://letrasbellas.lacoctelera.net Ama, ama... y ensancha el alma. es-es Cine the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com No soy Julia... http://letrasbellas.lacoctelera.net/post/2006/07/11/no-soy-julia- 2006-07-11T20:08:17+00:00 ... sino Alberto. Estaba jugando a tener una identidad ficticia, pero debido a un par de acontecimientos que huelga desvelar, decido ahora mostrar mi identidad real. De todas maneras, como ya sabes, aquí lo importante lo dicen otros...

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No decía palabras http://letrasbellas.lacoctelera.net/post/2006/07/07/no-decia-palabras 2006-07-07T02:58:18+00:00 No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Auque sólo sea una esperanza,
porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.

Luis Cernuda

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El Principito y el zorro http://letrasbellas.lacoctelera.net/post/2006/07/06/el-principito-y-zorro 2006-07-06T01:31:05+00:00 Entonces apareció el zorro.
-Hola - dijo el zorro.
-Hola - respondió el principito, que se volvió pero no vio nada.
-Estoy aquí - dijo la voz - bajo el manzano...
-¿Quién eres tú? - dijo el principito. - Eres muy bonito...
-Soy un zorro - dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo - le propuso el principito. Estoy tan triste...
-No puedo jugar contigo. No estoy domesticado.
-¡Ah! Perdón - dijo el principito.
Pero, después de reflexionar, añadió:
-¿Qué significa "domesticar"?
-Tú no eres de aquí - dijo el zorro. - ¿Qué estás buscando?
-Busco a los hombres, dijo el principito. - ¿Qué significa "domesticar"?
-Los hombres - dijo el zorro - tienen escopetas y cazan. ¡Es de lo más molesto! También matan pollos. Es su único interés. ¿Tú buscas pollos?
-No - dijo el principito. - Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"?
-Es algo demasiado olvidado - dijo el zorro. - Significa "crear vínculos..."
-¿Crear vínculos?
-Claro - dijo el zorro. - Tú para mí todavía no eres más que un chico muy parecido a cien mil otros chicos. Y yo no te necesito. Y tú tampoco me necesitas a mí. Yo no soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero si tú me domesticas, nos necesitaremos el uno al otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo...
-Empiezo a entender - dijo el principito. Hay una flor... creo que ella me ha domesticado...
-Es posible - dijo el zorro. - Sobre la Tierra se ven cosas de todo tipo...
-¡Oh!, no es en la Tierra - dijo el principito.
El zorro parecía muy intrigado:
-¿En otro planeta?
-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-¡Qué interesante! ¿Y pollos?
-No.
-Nada es perfecto - suspiró el zorro.
Pero el zorro volvió a su idea:
-Mi vida es monótona. Cazo pollos, los hombres me cazan. Todos los pollos se parecen y todos los hombres se parecen. Así que me aburro un poco. Pero, si tú me domesticas, será como si a mi vida le entrara algo de sol. Yo conoceré un sonido de pasos que será diferente de todos los demás. Los otros pasos me hacen esconderme bajo tierra. El tuyo me sacará de la madriguera, como una música. ¡Y además, mira! ¿Ves allí los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan a nada. ¡Y eso es triste! Pero tú tienes cabellos de color de oro. ¡Entonces será maravilloso cuando me hayas domesticado! El trígo, que es dorado, me recordará a ti. Y yo amaré el sonido del viento en el trigo...
El zorro calló y miró largamente al principito:
-Por favor..., ¡domestícame! - dijo.
-Me gustaría hacerlo - respondió el principito - pero no tengo mucho tiempo. Tengo amigos por descubrir y muchas cosas por conocer.
-Sólo se conocen las cosas que se domestica - dijo el zorro. - Los hombres no tienen tiempo para conocer nada. Ellos compran cosas ya hechas en las tiendas. Pero como no existen las tiendas de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si tú quieres un amigo, ¡domestícame!
-¿Qué tengo que hacer? - dijo el principito.
-Hay que ser muy paciente - respondió el zorro. Al principio te sentarás un poco lejos de mí, así, sobre la hierba. Yo te miraré de reojo y tú no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...
Al día siguiente, el principito volvió.
-Habría sido mejor volver a la misma hora - dijo el zorro. - Si vienes por ejemplo a las cuatro de la tarde, yo empezaré a ser feliz a las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Cuando ya sean las cuatro, me pondré nervioso y me inquietaré; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si tú vienes a cualquier hora, yo nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Hacen falta ritos.
-¿Qué es un rito? - dijo el principito.
-Eso también es una cosa demasiado olvidada - dijo el zorro. Es lo que hace que un día sea diferente de los demás, una hora de las otras horas. Mis cazadores, por ejemplo, tienen un rito. Ellos bailan los jueves con las chicas del pueblo. ¡Por eso el jueves es un día maravilloso! Yo me doy un paseo hasta la viña. Si los cazadores bailasen en un momento cualquiera, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
Así, el principito domesticó al zorro. Y cuando se acercó la hora de partir:
-¡Ah! - dijo el zorro. - Voy a llorar.
-Es tu culpa - dijo el principito -, yo no quería hacerte daño, pero tú quisiste que te domesticase...
-Claro - dijo el zorro.
-¡Entonces tú no ganas nada!
- Yo gano - dijo el zorro - gracias al color del trigo.
Y añadió:
-Ve a ver de nuevo las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Luego vendrás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver las rosas de nuevo.
-Vosotras no os parecéis en nada a mi rosa, vosotras aún no sois nada - les dijo. - Nadie os ha domesticado y vosotras no habéis comesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro parecido a otros cien mil. Pero yo lo he hecho mi amigo, y él ahora es único en el mundo.
Y las rosas se molestaron.
-Vosotras sois bellas, pero estáis vacías - les dijo además. - No se puede morir por vosotras. Claro, mi rosa es mía, un transeúnte ordinario creerá que ella se os parece. Pero por sí misma ella es más importante que todas vosotras, porque es ella la que yo he regado. Porque es ella la que yo he puesto debajo de una campana de cristal. Porque es ella la que yo he protegido con un paraviento. Porque es ella a la que le maté las orugas (menos dos o tres para las mariposas). Porque es ella a la que yo he oído quejarse, o presumir, o incluso a veces callarse. Porque ella es mi rosa.
Y volvió junto al zorro.
-Adiós - dijo...
-Adiós - dijo el zorro. - He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible para los ojos.
-Lo esencial es invisible para los ojos - repitió el principito para acordarse.
-Es el tiempo que has perdido con tu rosa lo que hace tu rosa tan importante.
-Es el tiempo que he perdido con mi rosa... - dijo el principito para acordarse.
-Los hombres han olvidado esta verdad - dijo el zorro. - Pero tú no debes olvidarla. Tú eres responsable para siempre de la rosa que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
-Soy responsable de mi rosa... - repitió el principito para acordarse.

Antoine de Saint-Exupéry: El Principito - Capítulo XXI

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sin título http://letrasbellas.lacoctelera.net/post/2006/07/02/sin-titulo 2006-07-02T01:09:01+00:00 Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor, alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.

Y que a mi amor entonces, le conteste
la nueva criatura que tú eras.

Pedro Salinas, La voz a ti debida

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